En esta lección aprenderás cómo aplicar la custodia de Bitcoin en el uso cotidiano, entendiendo qué tiene sentido controlar tú mismo, qué no, y cómo reducir riesgos sin renunciar al control.
🎯 Objetivo de la lección
Hacer bien las dos operaciones básicas: cobrar y pagar. Qué se comprueba antes de firmar, en qué orden, y por qué el primer envío siempre es una prueba.
📥 Cobrar: pedir una dirección nueva
Recibir es la operación sin riesgo técnico: no firmas nada, no autorizas nada y no puedes perder fondos por hacerlo mal. Lo único que puede salir mal es que el dinero acabe donde no querías.
El procedimiento es siempre el mismo:
Pides una dirección nueva a tu cartera. Todas tienen un botón de recibir que la genera.
La compartes con quien va a pagar, copiándola o mostrando el código.
Esperas a que aparezca en tu cartera.
Dos cosas conviene que sepas y que casi nadie explica al principio.
Tu cartera te dará una dirección distinta cada vez. No es un fallo ni hace falta guardarlas: todas salen de la misma copia de seguridad, como vimos en Cómo funciona Bitcoin. El motivo por el que conviene aceptarlo, y no forzar siempre la misma, es de privacidad y lo tratamos en la lección 3.2.
Una dirección antigua sigue funcionando. Si alguien te paga a una que usaste hace un año, el dinero llega igual. Por eso no pasa nada si te la piden otra vez, y por eso tampoco hay que "cerrar" ninguna.
📤 Pagar: lo que se comprueba antes de firmar
Enviar sí tiene riesgo, y todo el riesgo está concentrado en los segundos anteriores a confirmar. Después no hay marcha atrás.
Hay tres cosas que comprobar, siempre en este orden:
1. La dirección, entera. No los cuatro primeros caracteres: la dirección completa, comparándola con la que te dieron. Es la comprobación que desactiva el portapapeles cambiado y las direcciones envenenadas de la lección anterior, y ninguna otra la sustituye.
2. La cantidad y la unidad. Mira si la pantalla está en bitcoins o en satoshis antes de teclear. Confundirlas cambia el importe por un factor de cien millones, y es un error que ocurre de verdad.
3. La comisión. Qué elegir se ve en la lección siguiente. Aquí basta con que la mires en vez de aceptar la propuesta sin leerla.
Si usas un aparato dedicado hay una comprobación más, y es la que justifica tenerlo: la dirección también aparece en su pantalla, y esa es la que hay que leer. El equipo conectado puede mentirte; el aparato, que no está conectado, no. Si lo que ves en uno y en otro no coincide, cancela.
🧪 El envío de prueba
La costumbre que más errores caros evita, y la que más gente se salta por prisa.
Antes de mover una cantidad que importe a una dirección nueva, envía una pequeña. Comprueba que llega, que aparece donde esperabas y que quien cobra confirma haberla recibido. Después manda el resto.
Pagas una comisión de más. A cambio descubres, cuando todavía no importa, que te habías equivocado de dirección, que la cartera del otro no era la que creías o que habías confundido la unidad.
Vale especialmente para el primer envío a cualquier destino nuevo: un intercambio, la cartera de otra persona, o tu propio aparato recién configurado.
⏳ Qué pasa después de firmar
Tu transacción no llega instantáneamente ni desaparece si tarda. Pasa por tres estados, y conviene reconocerlos para no alarmarse:
Difundida. Tu cartera la ha enviado a la red y está esperando. Aquí ya no se puede cancelar.
Confirmada una vez. Ha entrado en un bloque. Para importes pequeños, mucha gente da la operación por buena aquí.
Con varias confirmaciones. Cada bloque encima encarece deshacerla, como se explica en Cómo funciona Bitcoin.
Mientras espera, la transacción es visible para cualquiera. Quien cobra puede verla antes de que confirme, así que no hace falta que le mandes ninguna prueba.
🔍 Comprobar sin preguntar a nadie
Si dudas de si un pago salió o llegó, no hace falta que nadie te lo confirme: puedes mirarlo tú.
Un explorador de bloques es una web que consulta el registro público y te enseña el estado de cualquier transacción o dirección. Pegas el identificador que te da tu cartera y ves si está esperando, en qué bloque entró y cuántas confirmaciones lleva.
Vale la pena usarlo alguna vez sin necesidad, solo para familiarizarse. El día que tengas una duda de verdad, no será el día de aprender a leerlo.
Dos advertencias. La primera: un explorador solo lee; ninguno necesita ni pide tus claves. La segunda: al consultar una dirección le estás diciendo a esa web que te interesa, y eso también es información. Vuelve en la 3.2.
🚫 Lo que no se puede deshacer
Conviene dejarlo escrito sin adornos, porque toda la lección gira alrededor de esto.
Una vez firmada y difundida, la transacción no se cancela. Si se queda esperando hay formas de acelerarla, que veremos en la lección siguiente, pero acelerar no es recuperar: no cambian el destino ni devuelven el dinero.
Si el destino era equivocado, lo único que queda es pedírselo a quien lo recibió. Si no sabes quién es, no hay nada más que hacer.
Por eso las comprobaciones van antes y no después. No es rigidez: es que después no hay comprobación posible.
📌 En resumen
Cobrar no tiene riesgo técnico. Pide una dirección nueva cada vez; las antiguas siguen funcionando.
Antes de firmar, tres cosas en orden: la dirección entera, la cantidad con su unidad, y la comisión.
Con un aparato dedicado, la dirección que vale es la de su pantalla. Si no coincide con la del equipo, cancela.
Envío de prueba antes de cualquier cantidad que importe a un destino nuevo. La comisión extra es el aviso más barato que existe.
Tras firmar: difundida, una confirmación, varias. Quien cobra la ve antes de que confirme.
Un explorador de bloques te deja comprobarlo tú. Solo lee, nunca pide claves, y deja rastro de lo que consultas.
Firmada y difundida no se cancela. Acelerar no es recuperar.
➡️ Qué viene después
Queda el campo que has mirado sin decidir: la comisión. En la siguiente lección vemos cómo elegirla según la prisa que tengas, qué hacer cuando una transacción se queda atascada y por qué juntar muchos cobros pequeños sale caro.