Aprende a hacer backups seguros de tu seed phrase y diseña una estrategia de respaldo.
🎯 Objetivo de la lección
Diseñar una copia de tu frase de recuperación que sobreviva a un incendio, a una inundación, a una mudanza y a veinte años de olvido, sin que por el camino la encuentre quien no debe. Son tres objetivos que tiran en direcciones contrarias, y ahí está toda la dificultad.
⚖️ Los tres fallos, a la vez
Una copia puede fracasar de tres formas distintas, y optimizar contra una suele empeorar las otras:
Pérdida. No sabes dónde está, o nunca llegaste a hacerla. Se combate con más copias.
Destrucción. Existía pero ya no es legible: fuego, agua, moho, tinta desvanecida. Se combate con mejores materiales.
Descubrimiento. Sigue ahí y alguien la ha encontrado. Se combate con menos copias y mejor escondidas.
Fíjate en la tensión: más copias reducen la pérdida y aumentan el riesgo de descubrimiento. No hay un punto perfecto; hay un punto razonable, y depende del modelo que escribiste en la 1.1. Si tu preocupación es el despiste, inclínate hacia más copias. Si es el robo dirigido, hacia menos y mejor ubicadas.
📄 Por qué el papel no basta
El papel es un soporte aceptable para las primeras horas y malo para los años. Falla por motivos aburridos y muy frecuentes:
Fuego. El papel arde muy por debajo de la temperatura de un incendio doméstico corriente.
Agua. No hace falta una inundación: una tubería, una gotera o el propio agua de extinción de un incendio bastan para que la tinta se corra.
Tinta. Muchos bolígrafos se degradan con los años y con la luz. Los rotuladores fluorescentes y las tintas de gel son especialmente malos a largo plazo.
Letra. Un cero que parece una o, un uno que parece un siete, una palabra a medio escribir. Tu yo de dentro de diez años no recordará qué quisiste poner.
Mudanzas y limpiezas. Causa mucho más frecuente que el fuego. Un sobre sin etiquetar acaba en una caja, y la caja en un contenedor.
Si mantienes una copia en papel, que sea a lápiz o con tinta permanente, en letra mayúscula, con el número de cada palabra, y protegida al menos de la humedad.
🔩 Metal
Grabar la frase en acero resuelve el fuego, el agua y el tiempo de golpe. Es la mejora con mejor relación entre esfuerzo y resultado de toda la custodia propia.
Las familias de soluciones que existen:
Placas con letras o azulejos que se encajan. Rápidas de montar y fáciles de rehacer si te equivocas. El inconveniente: si la pieza se abre o se deforma, las letras pueden salirse y quedar desordenadas, y el orden es justamente lo que no se puede perder.
Punzonado o grabado sobre una placa continua. Marcas la propia chapa, letra a letra. Más lento y sin marcha atrás, pero no hay piezas sueltas que se caigan.
Chapas que se marcan con un punzón de golpe. Punto intermedio, y el resultado es muy legible si se hace con cuidado.
Qué mirar, con independencia de la marca:
Acero inoxidable, no aluminio ni chapa fina. El aluminio funde a temperaturas que un incendio doméstico alcanza.
Que la marca sea por deformación del metal, no por tinta ni pegatina.
Que el cierre no dependa de un tornillo diminuto que se pierde.
Que quepan las cuatro primeras letras de cada palabra. No hace falta más: recuerda de la 1.3 que esas cuatro letras identifican unívocamente cada palabra de la lista.
Una precaución importante al pasar de papel a metal: el metal hay que comprobarlo contra el dispositivo, nunca contra el papel intermedio. Si el papel tenía un error, copiarlo al metal lo vuelve permanente.
Cómo hacerlo depende de en qué momento estés:
Durante la configuración inicial, mientras la frase sigue en la pantalla del aparato, es cuando resulta más sencillo: graba el metal ahí mismo y compara palabra por palabra.
Si la configuración ya terminó, ten en cuenta que muchos dispositivos no vuelven a mostrar la frase nunca más, por diseño. Para estos casos algunos modelos incorporan una función de comprobación de copia: te piden introducir las palabras y confirman si coinciden con las suyas, sin llegar a mostrarlas.
Si tu dispositivo no ofrece ninguna de las dos vías, la alternativa es el simulacro de recuperación de la lección 2.3, que comprueba la copia de forma indirecta: si reconstruye las mismas direcciones, está bien grabada.
📍 Cuántas copias y dónde
Un punto de partida sensato para la mayoría: dos copias, en dos ubicaciones que no puedan destruirse con el mismo suceso.
La palabra clave es descorrelacionadas. Dos copias en dos habitaciones de la misma casa son una sola copia a efectos de incendio. Dos copias en el mismo edificio, también.
Opciones y sus inconvenientes reales:
Tu vivienda. Acceso inmediato, y expuesta a todo lo que le pase a tu vivienda, incluido el robo corriente. Nunca en el mismo sitio que el dispositivo.
Casa de alguien de confianza. Descorrelaciona bien. Requiere confiar en esa persona y en su discreción, y que no cambie de casa sin avisarte. Si la copia va en un sobre cerrado, esa persona no necesita saber qué contiene.
Una segunda propiedad o el lugar de trabajo. Depende mucho de quién más tiene acceso.
Caja de seguridad en un banco. Buena protección física, pero conviene conocer los inconvenientes: solo se accede en horario, el contenido puede quedar bloqueado en un procedimiento de herencia, y dependes de la entidad y de su jurisdicción. Como una de las dos ubicaciones puede tener sentido; como única, ata demasiado.
Sobre las cajas fuertes ignífugas domésticas conviene deshacer una confusión. La certificación habitual es para papel: garantiza mantener el interior por debajo de unos 177 °C durante el tiempo de ensayo, que es la temperatura a la que el papel empieza a carbonizarse. Para una placa de acero eso sobra: al metal no le afecta ese rango, así que una caja certificada para papel protege tu copia grabada sin problema.
Donde esa certificación se queda corta es en los soportes digitales. Una memoria USB o un disco se degradan muy por debajo de esos 177 °C, y para ellos hace falta una certificación distinta, con un límite interior mucho más bajo. Es una razón más para no guardar la frase en formato digital.
El límite real de una caja doméstica es otro: el robo. La certificación de fuego no dice nada sobre resistencia a que se la lleven, y una caja pequeña y ligera se la lleva el ladrón entera para abrirla con calma. Si usas una, que esté anclada.
✂️ Partir la frase: casi siempre mala idea
Aparece de forma natural: «guardo seis palabras en un sitio y seis en otro, así ninguna copia sirve sola».
Suena bien y empeora las dos cosas a la vez:
Reduce la seguridad menos de lo que parece. Quien encuentre media frase ha reducido enormemente el problema de adivinar el resto. No estás dividiendo la dificultad por dos.
Multiplica el riesgo de pérdida. Ahora necesitas las dos mitades. Perder cualquiera de ellas lo pierde todo. Has duplicado los puntos de fallo.
Existe un método diseñado para esto de verdad, basado en repartir el secreto en partes de las que basta un subconjunto para reconstruirlo. Resuelve el problema matemáticamente bien, pero añade complejidad, no todos los dispositivos lo admiten y complica mucho la herencia. Para casi todo el mundo, dos copias completas en dos sitios distintos es mejor solución y mucho más fácil de mantener.
🗝️ Dónde va la palabra adicional
Si usas la palabra adicional de la 1.3, aplica una regla: nunca en el mismo sitio que la frase. Guardarlas juntas anula por completo su propósito.
Y recuerda la otra cara: no tiene checksum y olvidarla equivale a perder los fondos. Guardarla solo en la memoria es una apuesta arriesgada. Anótala, en su propio soporte y en su propia ubicación, con la misma seriedad que la frase.
🗺️ El documento que sí puedes tener
Hay algo que conviene escribir y que no compromete nada, porque no contiene la frase:
Qué dispositivo usas y de qué fabricante.
Cuántas copias de la frase existen y dónde están.
Si hay palabra adicional (sí o no) y dónde está guardada, sin escribirla.
Qué programa usas para operar y, si procede, el tipo de direcciones o la ruta de derivación. Este dato ahorra el susto del saldo cero que veremos en la 2.3.
Fecha del último simulacro de recuperación.
Ese documento es tu mapa. Puede vivir en un sitio razonablemente accesible, porque quien lo lea sin acceso físico a las ubicaciones no puede hacer nada con él. Revísalo cada vez que cambies algo, y sobre todo cuando te mudes.
👪 Que alguien pueda recuperarlo
La causa de pérdida de la que casi nadie habla: quien custodia desaparece y nadie sabe que había algo, o lo sabe y no puede acceder.
Lo mínimo razonable:
Que alguien sepa que existe. No cuánto, ni dónde exactamente: que existe y que hay instrucciones.
Una carta de instrucciones en lenguaje corriente, pensada para alguien que no sabe qué es una frase de recuperación. Qué es, qué se hace con ella, qué no se debe hacer jamás —como escribirla en una página web—, y a quién pedir ayuda técnica.
Coherencia con el reparto. Si usas palabra adicional o copias repartidas, tiene que existir un camino que alguien pueda recorrer sin ti. Un esquema que solo tú entiendes muere contigo.
Hay una tensión evidente entre esto y la discreción, y no tiene solución perfecta. Lo que sí puede hacerse es separar la información del acceso: que las instrucciones expliquen el procedimiento sin contener el secreto.
🤫 Quién sabe que tienes bitcoin
Es la medida de seguridad más barata que existe y la que más gente ignora.
Hablar de bitcoin es normal. Decir cuánto tienes, no. La mayoría de los escenarios de robo dirigido y de coacción empiezan con alguien que sabe que vale la pena intentarlo: un comentario en una comida, una foto de la caja del dispositivo, una publicación cuando el precio sube.
Aplica también a los envíos: paquetes de fabricantes de carteras, y facturas con tu nombre y dirección.
📌 En resumen
Una copia falla de tres formas: pérdida, destrucción y descubrimiento. Más copias arreglan la primera y empeoran la tercera.
El papel falla por tinta, agua, fuego, letra ilegible y mudanzas. El metal resuelve casi todo eso.
Acero inoxidable, marca por deformación, y basta con las cuatro primeras letras de cada palabra.
Verifica el metal contra el dispositivo, nunca contra el papel intermedio: durante la configuración, con la función de comprobación de copia, o mediante el simulacro de la 2.3.
Dos copias completas en ubicaciones descorrelacionadas. Nunca junto al dispositivo.
Partir la frase en mitades empeora la seguridad y multiplica el riesgo de pérdida.
La palabra adicional va aparte de la frase, y también hay que anotarla.
Un registro de ubicaciones sin la frase es útil y no compromete nada.
Que alguien pueda recuperarlo si tú no estás forma parte del diseño, no es un añadido.
En la última lección comprobamos que todo esto funciona de verdad, con un procedimiento de simulacro que puedes seguir paso a paso. Porque una copia que nunca se ha probado no es una copia: es una suposición.